Boletín de la Coordinadora Nacional de Artes Gráficas , Comunicación y Espectáculos

El capitalismo “solidario” de las ONG

Niños con varios ‘padrinos’, cuando supuestamente sólo pueden tener uno. Enriquecimiento de directivos a costa de los ingresos de los contribuyentes. Inversiones en inmobiliarias. Son algunos de los hechos que han salido a la luz en las últimas semanas en relación a la conocida ONG Intervida. El escándalo ha supuesto una gran decepción para las personas que, movidas por un sentimiento de culpa tras ver la lacrimógena publicidad de Intervida, habían decidido colaborar económicamente con ella.
El asunto es digno de atención, pero hay que tener cuidado porque ya sabemos que la corrupción es siempre la punta del iceberg. Si existe un banco que no cometa ilegalidades, lo cual sería tan raro como ver a un burro volar, no significa que no siga siendo parte fundamental del sistema de explotación y despojo en el que vivimos. Por el mismo motivo, que haya ONG con las cuentas claras no les libra de la crítica que se les debe hacer.

Aunque se dan casos de ONG que apuestan por la solidaridad con las luchas y no por la caridad, a las que hay que aplaudir, la mayoría de ellas responden a la necesidad de hacerle el trabajo sucio al Estado. Este órgano de opresión, que sigue siendo un pilar básico del capitalismo, ha ido abandonando progresivamente su labor de atención a las clases bajas, que fue lograda gracias a la lucha revolucionaria. Es en este momento cuando se da el boom de las ONG, con la misión de lavarle la cara al Estado, como en siglos anteriores hacía la Iglesia. Una Iglesia, por cierto, muy relacionada con el mundo de las ONG. Y por si fuera poco, muchas de ellas no son más que una extensión del Estado, que reparte dinero a diestro y siniestro para quitarse el muerto de encima. Como cantaba Hechos Contra el Decoro: “ONG, ON ¿qué?”. Las subvenciones son básicas para su existencia y, sin dinero público, muchas no durarían ni cinco minutos.

En los últimos años las ONG han encontrado un gran aliado en las multinacionales. El trato es muy simple: Repsol, Telefónica o Caja Madrid dan algo de calderilla y la ONG de turno se puede permitir algún nuevo proyecto en un país pobre. El fin justifica los medios, y si para continuar ‘haciendo el bien’ se fortalece la imagen y el negocio de la multinacional que ha contribuido a destruir ese mismo país, ¡qué le vamos a hacer!

Visto lo visto, entendemos que la “ayuda a los pobres” se ha convertido en un negocio. Montarse el chiringuito caritativo es para muchos una opción similar a abrir un bar o un puesto de helados, pero ganando más dinero y de paso con menor complejo de culpa primermundista. Los sueldazos de los directivos de las grandes ONG indican que esto de la solidaridad sienta tan bien al bolsillo como a la conciencia. Esta aberración tiene que ver con la profesionalización de la militancia que desde la Confederación Nacional del Trabajo hemos rechazado desde que nacimos como organización. Por eso han acabado así las ONG: aceptaron los liberados y las subvenciones y han acabado siendo las mejores amigas de los empresarios. ¿No os suena esto a la historia de UGT y CC OO? Curioso el parecido, ¿verdad?

Como empresas capitalistas que son, la diferencia de sueldo entre jefes y trabajadores es abismal. Y eso cuando los trabajadores cobran, porque, a pesar de profesionalizarse, el voluntariado sigue siendo parte fundamental en su trabajo. Cualquiera que camine por el centro de Madrid podrá ver cómo decenas de jóvenes intentan ganar “socios” para la causa de multinacionales de la solidaridad como ACNUR o Greenpeace. Algunos de ellos trabajan a través de subcontratas y con sueldos similares a los de una ETT, y la mayoría trabaja día a día como “voluntario”. Es decir, que no ganan ni un euro. Muy loable, hasta que comprobamos los boyantes ingresos de sus jefes.

No queremos quedarnos en la crítica. Entendemos que la mayoría de las ONG no son factor de cambio social, pero no llamamos a la gente que colabora con ellas simplemente a dejar de hacerlo, sino a contribuir a la modificación del sistema desde la base. Ya sea desde su barrio, desde su escuela o facultad, desde su puesto de trabajo o desde la solidaridad real con los movimientos sociales de los países del sur. Proponemos extender las redes de apoyo mutuo en todas partes, con la autogestión y la acción directa.

De esa manera no harán falta ONG. En cuanto a su política laboral, en las últimas semanas nos han llegado casos de trabajadores de ONG con problemas con sus empleadores, que deben ser muy solidarios hacia fuera pero poco en su propia casa. Advertimos que CNT les considerará del mismo modo que a cualquier otra empresa.

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